Cuadernos de viaje. Zahara de los Atunes (Cádiz)

No muchos kilómetros separan Cádiz de una de las playas más hermosas que he tenido el placer de visitar recientemente.
Al atardecer, tomamos la carretera desde Barbate en dirección a Zahara de los Atunes. A la derecha se extendían prados, formando diversos relieves más o menos ondulados hasta bañarse en la orilla del mar. De un mar especialmente celeste. A la izquierda, unas montañas resguardan el pueblo, la carretera, las playas. El cielo, rosa y naranja tras el ocaso. Vacas pastando a ambos lados de la carretera hasta casi llegar al agua.
Ya en la arena abundan juncos y cañas que sobrepasan la altura de mi cabeza con creces y que con la ligera brisa del levante danzan suavemente.
Delicioso el placer de degustar en los magníficos restaurantes del pueblo frescos productos del mar: dorada, lubina, gambas, ortiguillas, corvina, carabineros, y cómo no, el atún. Estábamos además en temporada. Pesca en almadraba. Mes de Junio.
La playa al caer la tarde se llena de pescadores.
Kilómetros de costa virgen se extienden a ambos lados del pueblo.
Una maravilla de la naturaleza que espero siga conservándose muchos años en ese estado salvaje que dota de especial encanto un simple paseo, bajo la luna, escuchando sólo el rumor del viento y el mar.
Algo más sobre Zahara de los Atunes aquí.
Al atardecer, tomamos la carretera desde Barbate en dirección a Zahara de los Atunes. A la derecha se extendían prados, formando diversos relieves más o menos ondulados hasta bañarse en la orilla del mar. De un mar especialmente celeste. A la izquierda, unas montañas resguardan el pueblo, la carretera, las playas. El cielo, rosa y naranja tras el ocaso. Vacas pastando a ambos lados de la carretera hasta casi llegar al agua.
Ya en la arena abundan juncos y cañas que sobrepasan la altura de mi cabeza con creces y que con la ligera brisa del levante danzan suavemente.
Delicioso el placer de degustar en los magníficos restaurantes del pueblo frescos productos del mar: dorada, lubina, gambas, ortiguillas, corvina, carabineros, y cómo no, el atún. Estábamos además en temporada. Pesca en almadraba. Mes de Junio.
La playa al caer la tarde se llena de pescadores.
Kilómetros de costa virgen se extienden a ambos lados del pueblo.
Una maravilla de la naturaleza que espero siga conservándose muchos años en ese estado salvaje que dota de especial encanto un simple paseo, bajo la luna, escuchando sólo el rumor del viento y el mar.
Algo más sobre Zahara de los Atunes aquí.

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