sábado, julio 01, 2006

Maternidad y trabajo

Leo en La voz de Galicia una columna, Igualdad sí, pero de verdad, por Yashmina Shawki, y me acuerdo de Lucía.
Lucía trabaja en el mundo de la Informática. Tiene 27 años y lleva unos dos años trabajando como programadora en una empresa mediana ubicada en una ciudad también mediana. Una cuidad en la que al menos hay trabajo para los informáticos, pero donde existe escasa, por no decir nula, competitividad.
Lucía se está planteando ser madre próximamente, pero le asaltan muchos miedos. "Quiero ser madre antes de los 30", afirma con seguridad.
En primer lugar está contratada por obra y servicio o, más bien, subcontrada por una colaboradora de la empresa para la cual realiza su trabajo, por lo que está doblemente discriminada en su puesto de trabajo. En primer lugar, por pertenecer a una subcontrata. En segundo lugar, por ser mujer.
Si bien es cierto que en salario no existe mucha diferencia (alguna sí, pero no demasiada) por ninguno de esos dos motivos, a comparar con hombres de su misma categoría, lo que bien es verdad es que las posibilidades de ascenso son mucho más limitadas para ella por el hecho de ser mujer. Los cargos de coordinación, jefe de proyecto, y no hablemos de cargos de gerencia, están en su mayoría ocupados por hombres. Me comenta que sólo dos mujeres ocupan cargos de coordinación, y ninguna el resto de cargos, me dice "por lo menos así es en mi proyecto, que es de lo que puedo hablar por ser lo que conozco". Su proyecto es bastante importante. Hablamos de unos 500 empleados.

Y precisamente ella misma me reconoce "una de las coordinadoras es madre, y se acoge a la reducción de jornada por maternidad, con lo cual hace sólo horario de mañana, y por las tardes nos vemos un poco desamparados sin nadie que esté ocupando su puesto. Es lógico que ante situaciones así se cuestione hasta qué punto es conveniente que una mujer desempeñe un cargo de responsabilidad". Y esto me lo comenta Lucía, que se considera una mujer trabajadora en la lucha por obtener iguales condiciones que sus compañeros varones.

En su empresa, que tienen horario de 9 a 2 y de 4 a 7, las madres que desean disfrutar de reducción de jornada pueden hacer su jornada de 8 a 3. Se les descuenta de salario lo mismo que de horas de trabajo, un 14% aproximadamente. "No es mucho", me dice, "calculo que sobre mi nómina serán unos 200 euros menos. Pero salir a las 3 teniendo un hijo, es algo que compensa con creces".

Lucía también se queja de que, en el tema de los hijos, los hombres tampoco posean muchos derechos. Tres días de permiso tras el parto de su mujer, sólo un día más que si se tratase de cualquier operación, es lo que les corresponde. Su pareja trabaja en el mismo sector que ella. "Me gustaría que al menos las primeras semanas pudiera ayudarme en casa. Me gustaría que también él pudiera disfrutar de algún permiso o alguna reducción de jornada por ser padre y que no tengamos que elegir quién de los dos disfrutará de ese derecho. Y sobre todo, 16 semanas me parece poquísimo tiempo de baja maternal. ¿Donde dejo yo toda la mañana a mi niño con sólo 4 meses? ¿Y si se me pone malito? Para mí sería muy importante que mi pareja pudiera ayudarme. Para él también lo es, él quiere también poder disfrutar de su paternidad, y ni siquiera sé si tendrá los tres días de permiso, tengo que informarme, porque no estamos casados".
Sólo aplaca un poco sus miedos al pensar que "al fin y al cabo podemos considerarnos afortunados, los dos trabajamos cerca de casa, tenemos unos sueldos no demasiado bajos, y una cierta estabilidad en el trabajo, y espero que además me respeten mi puesto aunque tenga un hijo. No conozco ninguna compañera a la que hayan despedido por nada similar, podemos sentirnos unos privilegiados".
Hay muchas mujeres que, aún así, abandonan por propia voluntad sus puestos de trabajo al ser madres, o piden excedencias (aquellas que pueden), lo cual no es más que un reflejo de que los derechos de que se dispone hoy día son insuficientes.

Habría no sólo que pensar mucho, sino actuar también al menos otro tanto, sobre la situación de la mujer trabajadora en España. La igualdad no sólo entre hombre y mujeres, sino la igualdad respecto al resto de países de la Comunidad Europea, por ejemplo.
Hoy por hoy lo único que me extraña es que la natalidad no haya caído en picado ya. Sin duda, habría que dar un aplauso a todas estas madres que a pesar de suponerles un gran esfuerzo no se resignan a tener que renunciar ni a la maternidad ni a su vida profesional.