martes, julio 04, 2006

Hacia el Linux


Como tener tener, no tengo lo que se dice ninguna especial simpatía por el sistema operativo Windows y todo lo que Windows conlleva. Pero he de reconocer que mis intentos por usar Linux siempre han terminado fracasando.

Todavía tengo en mi lista de tareas pendientes eliminar la partición en la que tengo instalada una versión de Linux llamada algo así como Aurox Linux -no debe ser muy conocida porque a ninguno de mis compañeros les suena; o eso, o para ser informáticos estamos bastante poco puestos en el mundo Linux- ya que está ocupando un espacio absurdo de mi disco duro que habré utilizado no más de diez veces, y siempre sólo para jugar a algún jueguecito chorra de los que el paquete incluía.

Es cierto que tiene bastantes aplicaciones de un nivel más que aceptable, pero siempre termino dejándome llevar por la comodidad de usar las aplicaciones más conocidas y cansándome de que los formatos de archivos no sean compatibles y demás chorradas. La instalación, aunque intuitiva, me resultó algo engorrosa.

Pero leo ahora un artículo sobre el Ubuntu bastante optimista y que al menos consigue que me pique la curiosidad.

Borja Prieto nos cuenta que "Desde que Linux comenzó a darse a conocer, ha cargado con el sanbenito de ser algo para techies, informáticos y gente rara. Un sistema que podía tener su mérito, pero era tan difícil de manejar que su uso estaba reservado a los expertos en informática. [...] Ubuntu, el "Linux para seres humanos", ya ha cambiado todo esto. La última versión, que utilizo tanto en mi portátil como en el ordenador de sobremesa, es un verdadero prodigio de usabilidad. De entrada, la instalación sólo pregunta cosas como el nombre del usuario o la zona horaria. El único dato técnico es en qué parte del disco queremos que se instale. Y cuando arranca, ya tenemos todo listo para ser usado. No hay que instalar paquetes ofimáticos, ni lectores de PDF, ni compresores de ficheros, ni programas para reproducir música o grabar discos. Es cierto que no tiene antivirus, pero esto es porque Ubuntu es inmune a los virus."

Por supuesto, la distribución es gratuita y podemos encontrarla aquí.

Igual me animo a intentar de nuevo acercarme al universo Linux a ver si conseguimos llevarnos bien.

domingo, julio 02, 2006

Cuadernos de viaje. Zahara de los Atunes (Cádiz)


No muchos kilómetros separan Cádiz de una de las playas más hermosas que he tenido el placer de visitar recientemente.

Al atardecer, tomamos la carretera desde Barbate en dirección a Zahara de los Atunes. A la derecha se extendían prados, formando diversos relieves más o menos ondulados hasta bañarse en la orilla del mar. De un mar especialmente celeste. A la izquierda, unas montañas resguardan el pueblo, la carretera, las playas. El cielo, rosa y naranja tras el ocaso. Vacas pastando a ambos lados de la carretera hasta casi llegar al agua.

Ya en la arena abundan juncos y cañas que sobrepasan la altura de mi cabeza con creces y que con la ligera brisa del levante danzan suavemente.

Delicioso el placer de degustar en los magníficos restaurantes del pueblo frescos productos del mar: dorada, lubina, gambas, ortiguillas, corvina, carabineros, y cómo no, el atún. Estábamos además en temporada. Pesca en almadraba. Mes de Junio.

La playa al caer la tarde se llena de pescadores.

Kilómetros de costa virgen se extienden a ambos lados del pueblo.


Una maravilla de la naturaleza que espero siga conservándose muchos años en ese estado salvaje que dota de especial encanto un simple paseo, bajo la luna, escuchando sólo el rumor del viento y el mar.

Algo más sobre Zahara de los Atunes aquí.

Rebobina ese olor

Cuestión de olfato.
Quizás como soy fumador he perdido gran parte de ese sentido. A veces, me digo como consuelo que "para lo que hay que oler".
Por ejemplo, cuando me monto en el autobús lleno de chavales que vuelven de echar un partidito de fútbol, cada vez que pasa por mi vera el camión de la basura, cuando paso por al lado de la fábrica de celulosa, cuando se monta en el cercanías el borracho de turno que va de recogida, cuando atravieso junto a los contenedores que rodean el mercado de abastos...
Pero a veces pasa una jovencita cerca mía dejando una estela olorosa que me trae a la memoria a mi hermana mayor arreglándose para salir de marcha, o sentado en mi azotea el viento trae un suave aroma que me recuerda al jabón con que lavaba mi abuela, o ese olor a pan recién hecho cada mañana cuando salgo a trabajar, o ese cesped recién cortado, ese olor a mar del puerto, esas sardinas asadas, olor a bronceador, a playa, olor a lluvia, a tierra mojada.
Las señales nerviosas relacionadas con este sentido son procesadas por regiones del cerebro encargadas de la memoria a largo plazo. De ahí el poder evocador del olfato, capaz de transportarnos a lugares y momentos casi anulados en nuestro recuerdo.
¿Podremos un día no muy lejano grabar esos olores que nos acercan aquellos momentos tan lejanos o nos recuerdan sensaciones cotidianas y reproducirlos a nuestro antojo como quien reproduce una canción? ¿Es posible un mp3 de olores?

sábado, julio 01, 2006

Maternidad y trabajo

Leo en La voz de Galicia una columna, Igualdad sí, pero de verdad, por Yashmina Shawki, y me acuerdo de Lucía.
Lucía trabaja en el mundo de la Informática. Tiene 27 años y lleva unos dos años trabajando como programadora en una empresa mediana ubicada en una ciudad también mediana. Una cuidad en la que al menos hay trabajo para los informáticos, pero donde existe escasa, por no decir nula, competitividad.
Lucía se está planteando ser madre próximamente, pero le asaltan muchos miedos. "Quiero ser madre antes de los 30", afirma con seguridad.
En primer lugar está contratada por obra y servicio o, más bien, subcontrada por una colaboradora de la empresa para la cual realiza su trabajo, por lo que está doblemente discriminada en su puesto de trabajo. En primer lugar, por pertenecer a una subcontrata. En segundo lugar, por ser mujer.
Si bien es cierto que en salario no existe mucha diferencia (alguna sí, pero no demasiada) por ninguno de esos dos motivos, a comparar con hombres de su misma categoría, lo que bien es verdad es que las posibilidades de ascenso son mucho más limitadas para ella por el hecho de ser mujer. Los cargos de coordinación, jefe de proyecto, y no hablemos de cargos de gerencia, están en su mayoría ocupados por hombres. Me comenta que sólo dos mujeres ocupan cargos de coordinación, y ninguna el resto de cargos, me dice "por lo menos así es en mi proyecto, que es de lo que puedo hablar por ser lo que conozco". Su proyecto es bastante importante. Hablamos de unos 500 empleados.

Y precisamente ella misma me reconoce "una de las coordinadoras es madre, y se acoge a la reducción de jornada por maternidad, con lo cual hace sólo horario de mañana, y por las tardes nos vemos un poco desamparados sin nadie que esté ocupando su puesto. Es lógico que ante situaciones así se cuestione hasta qué punto es conveniente que una mujer desempeñe un cargo de responsabilidad". Y esto me lo comenta Lucía, que se considera una mujer trabajadora en la lucha por obtener iguales condiciones que sus compañeros varones.

En su empresa, que tienen horario de 9 a 2 y de 4 a 7, las madres que desean disfrutar de reducción de jornada pueden hacer su jornada de 8 a 3. Se les descuenta de salario lo mismo que de horas de trabajo, un 14% aproximadamente. "No es mucho", me dice, "calculo que sobre mi nómina serán unos 200 euros menos. Pero salir a las 3 teniendo un hijo, es algo que compensa con creces".

Lucía también se queja de que, en el tema de los hijos, los hombres tampoco posean muchos derechos. Tres días de permiso tras el parto de su mujer, sólo un día más que si se tratase de cualquier operación, es lo que les corresponde. Su pareja trabaja en el mismo sector que ella. "Me gustaría que al menos las primeras semanas pudiera ayudarme en casa. Me gustaría que también él pudiera disfrutar de algún permiso o alguna reducción de jornada por ser padre y que no tengamos que elegir quién de los dos disfrutará de ese derecho. Y sobre todo, 16 semanas me parece poquísimo tiempo de baja maternal. ¿Donde dejo yo toda la mañana a mi niño con sólo 4 meses? ¿Y si se me pone malito? Para mí sería muy importante que mi pareja pudiera ayudarme. Para él también lo es, él quiere también poder disfrutar de su paternidad, y ni siquiera sé si tendrá los tres días de permiso, tengo que informarme, porque no estamos casados".
Sólo aplaca un poco sus miedos al pensar que "al fin y al cabo podemos considerarnos afortunados, los dos trabajamos cerca de casa, tenemos unos sueldos no demasiado bajos, y una cierta estabilidad en el trabajo, y espero que además me respeten mi puesto aunque tenga un hijo. No conozco ninguna compañera a la que hayan despedido por nada similar, podemos sentirnos unos privilegiados".
Hay muchas mujeres que, aún así, abandonan por propia voluntad sus puestos de trabajo al ser madres, o piden excedencias (aquellas que pueden), lo cual no es más que un reflejo de que los derechos de que se dispone hoy día son insuficientes.

Habría no sólo que pensar mucho, sino actuar también al menos otro tanto, sobre la situación de la mujer trabajadora en España. La igualdad no sólo entre hombre y mujeres, sino la igualdad respecto al resto de países de la Comunidad Europea, por ejemplo.
Hoy por hoy lo único que me extraña es que la natalidad no haya caído en picado ya. Sin duda, habría que dar un aplauso a todas estas madres que a pesar de suponerles un gran esfuerzo no se resignan a tener que renunciar ni a la maternidad ni a su vida profesional.

Una imagen de la guerra ¿Verdad o premonición?


Hoy quiero mostrar aquí una, al parecer, famosa fotografía de la Guerra Civil.
Al parecer, digo, porque aunque últimamente trato de indagar bastante y remover un poco el recuerdo de esta guerra de nuestros abuelos que hemos pretendido olvidar, no tenía conocimiento hasta el día de hoy de esta imagen ni de la identidad del fotógrafo.
Disculpad mi ignorancia. Robert Capa, según me informo, cubría la guerra española en Septiembre del 36 para la revista Vu en la que aparece por primera vez publicada el día 23 de dicho mes, antes de que comenzara su peregrinar, su fama y la controversia en torno a su autenticidad.
Capa nunca quiso hablar sobre esta fotografía. Ciertamente el miliciano Federico Borrell García murió ese 5 de Septiembre en el Cerro Muriano, día y lugar donde fue tomada la fotografía. Hay quienes apuntan que se trata de un montaje, quien opina que Capa siempre se sintió responsable de la muerte del fotografiado que fue alcanzado por un disparo de los nacionales justo en el preciso intante en que posaba para él.
¿Fue inmortalizado en el preciso instante de su muerte? ¿Fue una triste premonición, un montaje que no hizo más que adelantarse a lo que poco después verdaderamente sucedería?
A mí, sin embargo, independientemente de su autenticidad, me parece una fotografía estupenda.
Es genial la composición, cómo el miliciano aparece sosteniendo su arma en la parte izquierda de la fotografía, mientras que hacia la derecha se extiende el campo, en pendiente hacia ese lado, y al fondo se divisa el horizonte, algunos otros montes, dando la sensación de hallarse descendiendo el protagonista desde lo alto del cerro, además de que su propia mirada apunta hacia ese infinito. Estupendo también cómo el sol inunda la imagen, cómo parece apreciarse el calor que desprende a pesar del blanco y negro, y cómo dibuja su sombra sobre los pastos, a punto de unirse con el propio cuerpo del hombre al caer sobre ella.
Lo importante en la fotografía no radica en su autenticidad, sino que en lo que es capaz de transmitirnos su autor, en este caso Robert Capa, en la imagen. Esta fotografía nos transporta dierctamente al cerro donde fue tomada. Hubo muchos milicianos alcanzados por disparos y no importa si fue en ese mismo instante, antes o después, si con ese rostro o con otro, si en ese paraje o en otro. La fotografía puede ser más o menos auténtica. De lo que no cabe duda es de su veracidad.
Gracias a Netito y su Fina Confitura de Fresa por mostrarme esta "Muerte de un miliciano" y su historia, y a todo aquel que quiera conocer algo más sobre ella.
Continuaré rebuscando entre los recuerdos de nuestra guerra, una de mis pasiones, y seguiré mostrándolos.
Recordar la guerra, nunca para reavivar los mezquinos sentimientos que nos llevaron a ella, sino para tener siempre presente los errores cometidos que es la mejor manera de que jamás vuelva a repetirse algo similar.